miércoles 15 de septiembre de 2010

El señor King dice

"Únicamente era un niño parado en una calurosa esquina de Brooklyn, con su breve sombra tirada a sus pies como un animal de compañía cansado".

Justo cuando pensás que ya te estás acostumbrando.

De vuelta

Lo mejor de estar en tu casa es estirar el brazo a la mañana con la certeza de que ahí mismo está la mesa de luz. Donde la dejaste antes de cerrar los ojos.

jueves 17 de junio de 2010

Buenos Aires desde adentro


Tumultuosa y desordenada, pero de domingos apacibles. Promiscua; ella no pregunta ni juzga, solo invita y seduce. Imponente y altanera, tal y como dice un personaje de Vargas Llosa, tiene majestad.

domingo 30 de mayo de 2010

Desempolvando archivos

-¿Perdone? No recuerdo su nombre, ¿me lo podría repetir?
-Osvaldo
-Ahhhh, Osvaldo. Sí, Osvaldo… y dígame ¿de dónde lo conozco?
-Soy su vecino
-Ahhh, mi vecino. Sí, mi vecino… y dígame ¿cuál de estas casas es la mía?
-La de la esquina
-Gracias…

Se levantó un día con un pensamiento martillándole los sesos, más que un pensamiento era una duda y tal vez una solución: ¿a cuánta gente conocía? Ufff!-se dijo- a miles y miles de personas, pequeñas, grandes, blancas, morenas, chinos…
Pues allí radica la solución- dijo en voz alta a la habitación vacía y expectante.

domingo 9 de mayo de 2010

Amor ¿?

El siempre le dejaba sacar la crema de su postre, o el azúcar del fondo de su vaso, la cobertura a su helado y las palomitas de arriba que más mantequilla tenían. Así la quería.

viernes 16 de abril de 2010

3ra parte

Quería escribir un prólogo, pero el solo hecho de intentar me enseñó que por algo son los escritores quienes los escriben: a ellos les sale bien. De cualquier manera y así cortito, lo que quería decir es que hay pocas personas en la vida con quienes podemos conectarnos. Sí, uff existe eso de los sentimientos, pero también existe esa conexión inexplicable entre las personas. Y aunque pueden ser geográfica y temporalmente disparejos, tarde o temprano se encuentran. Aníbal y yo lo hicimos 4 años atrás y desde ese momento supimos que pensar y crear juntos iba a ser cosa de siempre.

Así que ahora decidimos hacer un cadáver exquisito de blog a blog. Les dejo la tercera parte (la primera y la segunda están en el blog de él anibalrey.blogspot.com)


VIII

Demás está decir que caminé con la mandíbula caída y un silbido de sorpresa ahogado en la boca ante cada ventana, cada mueble, cada baldosa, porque cada baldosa estaba pintada a mano: tenía la capilla Sixtina dada vuelta! Aunque, bueno, los dibujos no eran tan sacros. Llevaba las preguntas hiriéndome la garganta, pero ante tanto inglés copetudo, mi español se oiría como un dialecto precario, así que me las guardé.

Fue la del moño rojo la que rompió la burbuja que por lo visto llevaba sobre la cabeza. Los ensayos son muy reales –dijo guiñándome un ojo- así que entiendo que estés un poco confundido, es que llevamos años preparando esta obra. Admito que suspiré, entonces todo esto es un show, un ensayo? Ustedes son actores? Esto es un teatro? –sí, vomité las preguntas- Sí tonto, todo lo que presenciaste fue puro teatro jaja. Me sentí endemoniadamente aliviado.

Nos sentamos en un banco alto, polvoriento y con una tímida planta subiendo por sus patas mientras los demás pasajeros del Frutillita bajaban baúles y bolsos. Debo admitir que aún así, me sorprendía mucho el cambio de paisajes, el extraño viaje, aquella casa, el lago

(o ya no era solo un lago?)

todo era muy raro.

¿Cómo se llama la obra? –pregunté acomodándome la camisa, había perdido un botón, justo el encargado de esconder la peor parte de mi incipiente panza- Todavía no le pusimos nombre, es que no logramos ponernos de acuerdo. Pero no dijiste que llevan años preparándola? Oh sí, 179 años y dos días para ser más exactos.


martes 26 de enero de 2010

Cuando leo...

Cuando leo un libro, busco su riqueza. Amo las historias y los personajes, pero amo también los detalles. Es como una de las cremas de una torta. Todo puede estar perfecto, pero si una de las cremas tiene mal sabor, o peor aún, no lo tiene ni bueno ni malo, la torta deja de ser perfecta.
Me pasa lo mismo con los libros. La historia, los personajes… pero busco esos pequeños detalles y cuando los encuentro, levanto la mirada y los saboreo, los dejo impregnar el momento antes de continuar mi lectura. Entonces pienso en cómo se habría sentido el escritor al encontrar esa frase que hace tan buena su obra, y lo hace tan bueno a mis ojos y tal vez a los de muchos más. Y siento una punzada de angustia al darme cuenta de lo mucho que me gustaría estar en su lugar pero con mi propia frase. Las pulsaciones que se aceleran, la involuntaria sonrisa y las ganas de decirte a vos mismo: sí, soy bueno.
Hay tantas formas de decir las cosas y que ellos siempre encuentren la más clara, la más inspiradora es realmente admirable, sí, ya sé, es su trabajo. Pero algunos realmente saben hacerlo y supongo que es eso lo que nos separa un poco de los escritores, o al menos a mí.

De cualquier forma, supongo que se ha de sentir realmente bien…

viernes 18 de diciembre de 2009

Tengo un amigo que se merece un post

Buenos aires y aires de chanta. Si tuviese que describirlo.

Olía siempre a Eternity de Calvin Klein (pero mucho Calvin Klein) y puchos (pero muchos puchos). Y era el olor más cálido que podías sentir. Si lo sentías quería decir que todo iba a estar bien.

Era un ser infantil, que hacía pucheros cuando algo no le gustaba y te cortaba el teléfono cuando ya no quería escucharte. Mentía descaradamente y cuando lo descubrías, te abrazaba y pretendía que con eso se solucionara todo. Y la verdad es que sí, solo con sonreír ya te compraba.

Era el tipo que te pinchaba todos los levantes y andaba con cara de guardabosques detrás de nosotras todo el tiempo. Pero nos consentía y escuchaba los caprichos de cada una. La actividad principal de todas las noches era verlo explotar de la rabia y aunque sabía que era joda, siempre estaba dando explicaciones. Era un amigo de corazón transparente, bueno, morocho, gordito.

Mi amigo fue un gran amigo. Alguien que me mostró un mundo diferente. Le debo a él demasiadas cosas, pero sobretodo le debo todo el cariño que me dio.

Olvidarte jamás. Extrañarte todos los días. Quererte para siempre.

Eso es lo que prometo hoy, a dos años de tu partida.

miércoles 18 de noviembre de 2009

El creativo que se viste de blanco

Hace unos días, apenas 5 días atrás, estuve por Buenos Aires. El motivo: conocer a una persona que admiro fervientemente. La excusa: asistir a su charla. Apareció vestido con jeans, remera blanca y unas zapatillas (championes) gastadas, pero sin ser pretensioso, simplemente como cuando sacamos ropa del placard pensando en todo lo que tenemos para el día. Llegó, saludó a sus diez oyentes y preparó sus cosas. Me sentía como un chico de 5 años mirando embelesado a su maestra, pensando que todo lo que hace es perfecto.

Y entonces arrancamos: Una frase de Einstein. Solo un idiota pretende llegar a resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Primer golpe. Cuando alguien a quien admirás te dice algo, es palabra santa, es como cuando vas al psicólogo y te dice lo mismo que tus amigos, pero bueno, es el psicólogo.
Sean caprichosos: Permítanselo. De ahí puede salir algo grandioso o un fracaso. Pero intenten.

Resistan la frustración: De otra forma no haríamos nada.

Cómprense un quilombo: Bánquense el quilombo que se genera cuando querés pensar diferente.
Manténganse estúpidos: Siempre en proceso de aprendizaje.
Nada extraordinario sale de pensar normalmente: Piensen diferente, el resto ya piensa normalmente.

Sabios consejos de un joven experimentado.

Y sí. Capaz lo admiro un poco demasiado. Pero tengo motivos racionales. Es que en mi corta carrera me rodeé y me sigo rodeando de cínicos egocéntricos que compraron el estereotipo del creativo intelectual e indiferente. Bueno, él no. Rodeada de tantos personajes forzados, de repente hay uno que simplemente disfruta la historia. No tiene onda, ni es sucio ni es heavy metal, él solo se viste de blanco y hace cosas increíbles.

Y como todo, lo bueno y lo malo, llega a su fin, la charla también terminó. Después de dar vueltas y vueltas, me acerqué y delante de otros, en pleno Belgrano, en plena calle y en plena noche, le confesé ser su fan número uno! Me sonrió y me dijo gracias. Y así, con toda la satisfacción del mundo, di media vuelta y caminé hasta Cabildo. Y aunque me sentía la quinceañera más estúpida del mundo, me sentía tremendamente bien.

Pero más allá de mi lado groupiesco, la charla estuvo buenísima, relajada, íntima y simple. Como su remera blanca.

lunes 16 de noviembre de 2009

No es un elefante, es un león


Confundir un elefante con un león es como confundir una rubia con una morocha o un libro con una cacerola. Es como extraño.

Pero si vamos al contexto (ah que fácil es sacar las cosas del contexto) es más comprensible. Cuando escuché esto no pude evitarlo, empecé a reírme sola, porque estaba sola, en el zoológico de Buenos Aires.

No es un elefante le dijo la mamá a la nena, es un león. Todos alguna vez fuimos así de inocentes y así de indiferentes ante el error.

Me causó gracia escuchar esa aclaración, cuan virgen puede ser la imaginación y que bueno estaría vivir en un mundo así, donde los elefantes pueden ser leones y los libros cacerolas. Eso sí, una rubia jamás va a ser una morocha.

Y como lo diría Aníbal: “No es un elefante, es un león” es buenísimo.