lunes 16 de noviembre de 2009

No es un elefante, es un león


Confundir un elefante con un león es como confundir una rubia con una morocha o un libro con una cacerola. Es como extraño.

Pero si vamos al contexto (ah que fácil es sacar las cosas del contexto) es más comprensible. Cuando escuché esto no pude evitarlo, empecé a reírme sola, porque estaba sola, en el zoológico de Buenos Aires.

No es un elefante le dijo la mamá a la nena, es un león. Todos alguna vez fuimos así de inocentes y así de indiferentes ante el error.

Me causó gracia escuchar esa aclaración, cuan virgen puede ser la imaginación y que bueno estaría vivir en un mundo así, donde los elefantes pueden ser leones y los libros cacerolas. Eso sí, una rubia jamás va a ser una morocha.

Y como lo diría Aníbal: “No es un elefante, es un león” es buenísimo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

tenias que citarle al pelado al final...

Flor dijo...

obvio. ni bien escuché esto me acordé de él...sabía que iba a decir exactamente eso

y dijo...

me recuerda al principito y su boa que se tragó un elefante, cuando todos los adultos sólo veían un simple sombrero, el veía más allá de la caja... la inocencia llena de creatividad...