viernes 16 de abril de 2010

3ra parte

Quería escribir un prólogo, pero el solo hecho de intentar me enseñó que por algo son los escritores quienes los escriben: a ellos les sale bien. De cualquier manera y así cortito, lo que quería decir es que hay pocas personas en la vida con quienes podemos conectarnos. Sí, uff existe eso de los sentimientos, pero también existe esa conexión inexplicable entre las personas. Y aunque pueden ser geográfica y temporalmente disparejos, tarde o temprano se encuentran. Aníbal y yo lo hicimos 4 años atrás y desde ese momento supimos que pensar y crear juntos iba a ser cosa de siempre.

Así que ahora decidimos hacer un cadáver exquisito de blog a blog. Les dejo la tercera parte (la primera y la segunda están en el blog de él anibalrey.blogspot.com)


VIII

Demás está decir que caminé con la mandíbula caída y un silbido de sorpresa ahogado en la boca ante cada ventana, cada mueble, cada baldosa, porque cada baldosa estaba pintada a mano: tenía la capilla Sixtina dada vuelta! Aunque, bueno, los dibujos no eran tan sacros. Llevaba las preguntas hiriéndome la garganta, pero ante tanto inglés copetudo, mi español se oiría como un dialecto precario, así que me las guardé.

Fue la del moño rojo la que rompió la burbuja que por lo visto llevaba sobre la cabeza. Los ensayos son muy reales –dijo guiñándome un ojo- así que entiendo que estés un poco confundido, es que llevamos años preparando esta obra. Admito que suspiré, entonces todo esto es un show, un ensayo? Ustedes son actores? Esto es un teatro? –sí, vomité las preguntas- Sí tonto, todo lo que presenciaste fue puro teatro jaja. Me sentí endemoniadamente aliviado.

Nos sentamos en un banco alto, polvoriento y con una tímida planta subiendo por sus patas mientras los demás pasajeros del Frutillita bajaban baúles y bolsos. Debo admitir que aún así, me sorprendía mucho el cambio de paisajes, el extraño viaje, aquella casa, el lago

(o ya no era solo un lago?)

todo era muy raro.

¿Cómo se llama la obra? –pregunté acomodándome la camisa, había perdido un botón, justo el encargado de esconder la peor parte de mi incipiente panza- Todavía no le pusimos nombre, es que no logramos ponernos de acuerdo. Pero no dijiste que llevan años preparándola? Oh sí, 179 años y dos días para ser más exactos.