Tumultuosa y desordenada, pero de domingos apacibles. Promiscua; ella no pregunta ni juzga, solo invita y seduce. Imponente y altanera, tal y como dice un personaje de Vargas Llosa, tiene majestad.
Tengo la extraña costumbre de hacer barquitos con los boletos de colectivos.
Siempre explico mis razonamientos para dar cuenta de mi cordura.
Suelo pensar que todo es tan inútil como necesario.
Tiendo a contarle al mundo sobre mí, y después de todo, este es mi blog.
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